Artículos
16 Julio 2010
Una profesión que son muchas

Coincidimos en la cafetería de ESDi, tomando yo un café caliente para sacarme las nieblas mentales de primera hora de la mañana, tomando ella un desayuno frugal para afrontar con fuerza las últimas entregas de trabajos del año. ¿Cómo te está yendo este segundo curso?-Le pregunté yo-. ¿Lo estás aprobando todo? Hasta ahora sí -contestó ella-. Espero poder acabar con buenas notas las asignaturas que aún me quedan. ¿Estás contenta de haber elegido la carrera de diseño? -Le pregunté, porque al comienzo del curso pasado me confesó que había dudado entre hacer diseño con nosotros o antropología en otra universidad-. ¡Sí, sí! ¡Y tanto que sí! Le estoy encontrando a la carrera la preocupación por conocer el ser humano desde un punto global que es lo que no me quería perder, y al mismo tiempo estoy aprendiendo a hacer cosas concretas para participar activamente en la cultura y la interacción con la gente. Me alegro. Y suerte con las asignaturas que te quedan, aunque sé que tú te esfuerzas mucho y no necesitas tener suerte. Me quedé pensando que nuestra alumna de segundo curso tenía mucha razón: la profesión de diseñador tiene muchas afinidades con la profesión de antropólogo. Como dice Joan Mayans "la práctica de los diseñadores se ubica en la intersección entre los conocimientos técnicos y los conocimientos (socio) antropológicos". De hecho, pensándolo bien, la profesión de diseñador tiene afinidades y fronteras con muchas otras profesiones. Nunca podremos diseñar si no comprendemos suficientemente las motivaciones culturales, sociológicas, psicológicas y económicas de los destinatarios. Para ser un buen diseñador debe ser también un poco sociólogo, un poco psicólogo y un poco economista. De entrada, todo diseñador es, en cierta medida, un inventor. Tiene la capacidad de analizar los problemas y las necesidades que, porque son nuevas o son viejas pero mal resueltas, crean molestias a la sociedad, y aplicar su creatividad para encontrar soluciones nuevas basadas en las tecnologías existentes o las que él es capaz de innovar combinando sus conocimientos y su imaginación. Da igual que lo aplique a un electrodoméstico, un mueble, un vestido, un espectáculo deportivo o la cosa que en aquel momento lo ocupe. Muy a menudo, el diseñador es también un emprendedor y coge los productos o servicios que ha diseñado y es capaz de convertirlos en un plan de negocio. La carrera la ha capacitado para actuar como empresario o, al menos, coordinarse con un empresario que le contrate para administrar recursos tecnológicos, recursos humanos y recursos financieros, para producir eficientemente, con buena calidad y con costes ajustados los objetos o servicios que el público necesita. El diseñador es también una profesión de interfaz con el ingeniero industrial. Comparte con el ingeniero la aplicación práctica de los avances tecnológicos y científicos. Con objetivos y puntos de vista diferentes, pero trabajando ambos sobre los mismos recursos materiales y técnicos. Y en las actuales motivaciones del diseño, el diseñador comparte con los técnicos de medio ambiente la preocupación por la sostenibilidad y frenar el horror del cambio climático, y comparte con los sociólogos la preocupación por hacer un diseño para todos, un diseño adaptado a todas las especificidades de la gente que necesita que se le respete su diferencia. Por otra parte, las tecnologías de la sociedad del conocimiento han generado una fuerte necesidad de diseño en las interfaces. Como dice Joan Mayans: "el diseño afronta un nuevo rol en esta sociedad intensamente tecnificada, donde la interfaz se ha convertido en hegemónica". Y, evidentemente, (este es el punto que la gente de la calle tiene más claro), el diseñador es a menudo un artista: busca provocar sensaciones, emociones, pensamientos, vivencias ... Me doy cuenta ahora que una reflexión similar se podría hacer sobre otras profesiones. Es cosa de los humanos establecer conexiones e interrelaciones útiles y beneficiosas entre todas las ramas del conocimiento. Pensándolo bien, no es bueno que nos movamos por compartimentos estancos. Como dicen los ancianos y nos enseña la Física: "El agua estancada se pudre". Está demostrado por pasiva y por activa, que en épocas de crisis los perfiles más útiles para ayudar a reactivar la economía son los que surgen de las formaciones híbridas y de las actuaciones multidisciplinares. Arnold Wasserman ha escrito: "El diseño de hoy en día está evolucionando por nuevos caminos ya un ritmo acelerado, desdibujando las fronteras tradicionales del diseño y elaborando una ambigüedad entre el diseño como producto -cosas físicas, tangibles-, y el diseño como proceso una manera de pensar, un conjunto de habilidades cognitivas, métodos y técnicas que tienen un valor intrínseco por sí mismas". Cada vez más surgen voces que reclaman que el pensamiento del diseño (design thinking) se aplique a todas las ramas de la actividad económica. Y por eso no hay que ser diseñador. Hay que ser una persona creativa, abierta a la innovación. Uno de los abanderados más conocidos de esta postura es Tim Brown, CEO de la extraordinaria empresa IDEO. Pero eso ya sería todo otro largo tema para hablar. Mejor lo dejamos para otro día. Llorenç Guilera Director de ESDi Junio 2010