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11 Julio 2008
TRAS EL ESPEJISMO TECNOLÓGICO

Aunque el planeta, parece perder esta guerra entre humanidad y ecosistema, la realidad más absoluta es que en cierta forma nos está ganando. Entre discursos que apuntan a un posible "estar a tiempo de parar la catástrofe", otros aseguran unas distópicas perspectivas totalmente opuestas en las que sólo podemos esperar a que se apague la llama más lentamente (o menos). El alarmante proceso de solución materializado en el Protocolo de Kyoto, con el intento de frenar los residuos contaminantes parece ser algo inútil para las principales potencias portadoras de polución como es el caso de EEUU y China. El interés económico que mueve cada país deja fuera de juego algo tan inmediato como la existencia humana. Se esperan posibles soluciones para los más halagüeños, aunque las manos que mueven los hilos del mundo, no acaban de promover este desenlace milagroso. Ante estos hechos de inseguridad vital, ¿cómo esperan que los artistas puedan divagar en los ensimismamientos propios de las artes? La sociedad avanza, las ciencias, las comodidades para la humanidad, y el arte junto con la tecnología también encuentran nuevas formas de establecer relaciones como el bioarte, la nanotecnología, la telepresencia, siempre alerta hacia dónde se dirige las tendencias más contemporáneas. Leemos artículos de comunidades telemáticas, aldeas globales, alteraciones genéticas, tecnocultura, streaming media, visualizaciones de datos...miles de conceptos y posibilidades que se extrapolan al arte electrónico. La sociedad avanza es cierto, aunque sin una efectiva canalización. ¿Cuál es el papel del arte electrónico ahora?, bien sabemos que no nos han tocado directamente tiempos de guerra, y por ello siempre nos han recordado la suerte que tenemos, pero ¿qué propósito a de tener esta nueva generación que ha tenido la gran fortuna de ser tecnológicamente incorrecta para el mundo? Muchos artistas electrónicos han intentado buscar el camino en las artes para afrontar una situación real, intentando no perderse en las leyes del código de infinitas y virtuosas posibilidades estéticas, pero que parecen flotar sobre la una realidad menos idílica. El arte electrónico parece ser tan etero como la red que lo sustenta. La figura del ciborg parece tomar forma como único ser capaz de persistir en un mundo vitalmente inhumano. La ciencia ficción ya parece no avistar un escalón más allá de las posibilidades tecnológicas. Y sobre los artistas parece pesar el cargo de conciencia de no poder hacer nada por el mundo físico, refugiándose en la utopía virtual de un mundo que muy al contrario que el nuestro esta en plena efervescencia. En esta Era tecnológica y del devenir existencial, la política es hacia donde se dirige la mirada ahora los políticos son lo que manejan el rumbo de nuestra historia. En esta baza juegan un gran papel los visionarios tecnológicos que han creído en la red no sólo como centro neurálgico de información sino de consolidador de nuevos valores. Hablamos del conocimiento compartido, del software libre, aplicaciones que generen colaboración de una nueva mentalidad de conocimiento abierto que viene fraguándose en la red, un intento de descentralizar esta idea de poder con el propósito de permitir una ausencia de supremacía directa consiguiendo una posición globalizada, más consensuada. Los ojos se han girado a quien tiene el poder, en una era en que no se necesita un héroe salvador sino héroes sin nombre que cambien lo estipulado. Antonia Pérez.