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24 Septiembre 2010
Sin universidades no hay competitividad

Esta semana se inició un nuevo curso universitario, se efectúa teniendo presente la reciente publicación de los resultados de varios procesos de evaluación de universidades, a nivel planetario, que se concretan en los rankings asociados a cada uno de ellos. El ranking QS correspondiente al 2010, encabezado por Cambridge, indica que sólo la Universidad de Barcelona en el lugar 148, veintitrés puestos por delante que en el 2019, y la Universidad Autónoma de Barcelona en el 173, escalando 38 puestos respecto al año anterior, se sitúan entre las 200 con más calidad del planeta. Otras 7 universidades catalanas lo hacen entre las 500 primeras. Los autores, reconocen que el sistema universitario español ha mejorado su posición, y explicitan que las universidades españolas no ocupan el lugar que les corresponde si se considera el peso económico y social del Estado. El ranking QS nos posiciona mejor que el Shanghai, en el que ninguna universidad española se sitúa entre las 200 mejores, un ranking que evidencia la creciente importancia del conocimiento en China ya que hay 34 universidades chinas entre las 500 mejores. Seguramente se pueden discutir y matizar los parámetros empleados en los diversos rankings, pero lo que hay que aceptar es que las universidades españolas no están asumiendo el papel clave y de liderazgo que les correspondería en la sociedad y la economía del conocimiento, una sociedad donde la formación asociada al capital humano es estrictamente necesaria para posibilitar el desarrollo económico. Por este motivo, los resultados no se pueden menospreciar ya que la capacitación, voluntad de trabajo y publicaciones de la comunidad universitaria evidencian su enorme potencial, un potencial no desarrollado en plenitud por la falta de apoyo social en cuanto a exigir prioridades, legislaciones, normativas y modelos de gobernar obsoletos, y recursos insuficientes para desarrollar su actividad. Unos hechos que sería necesario que los responsables políticos tomaran nota y que los equipos de gobierno universitario asumieran con valentía y ambición su imprescindible rol para poner en marcha las transformaciones requeridas a su alcance. Unos resultados universitarios que hay que contextualizar con los problemas del sistema de enseñanza pre-universitaria, que presenta un índice de fracaso escolar insoportable. En estas líneas, los resultados de los sucesivos informes PISA evidencian que el sistema educativo español tiene que mejorar mucho. Las bajas tasas de formación de la población, si las comparamos con los países con los que tenemos que competir, demuestran que tenemos un sistema educativo poco eficaz, y universidades que no desarrollan todo su capital. Sin olvidar las reformas estructurales no abordadas que explican, en buena parte, que las continuas pérdidas de productividad y la falta de competitividad de nuestro sistema productivo son un conjunto de ingredientes que colaboran a que la tasa de paro en España sea la más alta de los países industrializados, y que sea uno de los países en los que es más complejo crear empresas y contratar a los trabajadores requeridos, según han explicado reiteradamente diversas organizaciones internacionales. Con estos antecedentes no puede sorprendernos que España haya retrocedido un año más en el informe de Competitividad Global 2010-2011 presentado recientemente en Pekín. El ranking, en el que España ocupa el puesto 42 cuando el año pasado año se situaba en el 33, está encabezado por Suiza y en las primeras posiciones se encuentran Suecia, Singapur, Estados Unidos y Alemania..., y en el que también destaca China que, ocupando el puesto 27, es "la economía más competitiva de los BRIC". La posición española es mala ya que nosotros y los eslovenos somos los menos competitivos de la Unión Europea, y cada vez lo somos menos, se ha pasado del puesto 23 del año 2006 al 42 de este año. Seguro que la crisis y los problemas de financiación han acelerado la pérdida de competitividad, pero tal y como explican los informes no se puede olvidar que la actividad económica se desarrolla en un mercado de trabajo con legislación inadecuada, con excesiva regulación y burocracia, y que uno de los aspectos claves es la falta de formación de los trabajadores, que es imprescindible para alcanzar la capacidad de innovación, extraer capacidad productiva de las tecnologías, optimizar procesos, internacionalizar, diseñar y fabricar productos diferenciales y líderes. La formación es la única palanca que nos puede abrir las puertas de un futuro que no admite resignación y exige esfuerzo e inteligencia para ganarla. Hay que hacer más con menos (productividad), hay que aplicar cordura y talento (capital humano), y hay que cambiar los paradigmas obsoletos que han regido las actividades en los últimos 50 años (innovación). Conquistar la productividad, mejorar el capital humano e innovar de forma continuada, es la vía para alcanzar el futuro, tres hechos que residen en las facultades y actitudes de las personas. Por este motivo en el inicio del curso académico, cuando se dibujan los presupuestos del próximo año a nivel del Estado, hay que recordar la necesidad de incrementar los presupuestos de investigación y de formación, situándolos en el primer lugar de las prioridades, tal como han hecho los países líderes y emergentes, entre los que destaca Brasil, desterrando las sinergias y tendencias del pasado, y dirigiendo los esfuerzos y las capacidades al futuro. Antoni Garrell Director General Fundación para ESDi (FUNDIT) Barcelona 21 de septiembre