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25 Abril 2013
Narrativa, interactividad e hipermedia

La consolidación del uso de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana, el desarrollo de las redes sociales y la intensa conectividad que nos ofrecen los dispositivos móviles han modificado la manera de ver y entender las producciones audiovisuales. Estamos en un momento interesante ya que, como pasó con la aparición de medios como la fotografía, el cine o el vídeo, se dibuja un nuevo abanico de posibilidades estéticas y narrativas. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se plantearon varias aproximaciones a la idea de narrativa no lineal, es decir, estructuras literarias no secuenciales ni de ordenación causal. Desde ámbitos como la filosofía o la teoría crítica, las ciencias computacionales y la teoría del software, autores como Gilles Deleuze y Félix Guattari, Theodor Nelson, Vannebar Bush, Roland Barthes o Michael Foucault cuestionaron el paradigma dominante del texto rígido, lineal y unidireccional como vehículo de transmisión del conocimiento. A pesar de partir de disciplinas diferentes, sus planteamientos se construyeron a partir de la intuición de que la creación de estructuras textuales no lineales era posible. En este contexto, cuando se habla de generación de textos los conceptos de referencia ya no son solo la linealidad, la jerarquía de la información, el inicio y el final; entran en juego la multilinealidad, la red, el nexo y los nodos (1). La noción de rizoma (2) de Deleuze y Guattari propone mapas conceptuales articulados en red, en contraposición con los discursos lineales de causa y efecto. Nelson introduce el concepto de hipertexto (3): un texto que conecta con otros textos, un mecanismo que permite trazar vínculos entre las palabras y ofrecer recorridos no secuenciales. Bush exploró las posibilidades de crear una máquina, a la que llamó Memex, diseñada para gestionar información a tiempo real de manera que el usuario pudiera leer y visualizar imágenes mientras hacía anotaciones. En este prototipo, que no se llegó a desarrollar, Bush plasmó sus reflexiones sobre la forma que tomarían los sistemas de gestión de información en el futuro, cuando el volumen de datos superase las capacidades de los mecanismos existentes. Barthes apunta la necesidad de un texto en el que el espectador sea un agente activo. Foucault, por otro lado, describe las estructuras de poder implícitas en el texto. Los dos autores se muestran críticos respecto al modelo discursivo imperante. A partir de estos planteamientos, con la aparición de la performance en la década de 1960, toma fuerza la primera corriente artística que cuestiona la unidireccionalidad de la comunicación entre obra/texto y receptor. El espectador forma parte del fenómeno artístico, puede intervenir en él y modificar los contenidos y el desarrollo de la pieza. Esta transformación fundamental es la base a partir de la que se han desarrollado otras prácticas artísticas, entre las que tienen un lugar destacado las instalaciones y las artes digitales. El carácter interactivo de los medios digitales ofrece un contexto adecuado para experimentar con las posibilidades de la no-linealidad. Hoy, el uso de la web y de textos interconectados mediante hipervínculos forma parte de nuestros hábitos de lectura cotidianos. La integración del uso del hipertexto se traduce en la existencia de prácticas en el ámbito audiovisual que se pueden considerar hipermediales, tanto por lo que respecta a la producción como al uso. Entendiendo la narrativa como conjunto de textos que conforman un proceso comunicativo con sentido, resulta complejo imaginar una narración en la que no existe un emisor. En el caso de la narración oral, por ejemplo, el orador relata una historia, modula el tono, añade anécdotas y preguntas retóricas: improvisa buscando la empatía del espectador. Esta interacción puede tener un equivalente, en cierto modo, en el entorno digital: más allá de reproducir narraciones, los ordenadores son potencialmente capaces de gestionar en tiempo real la información derivada de las reacciones del espectador. Eso se traduciría en la posibilidad de modular historias, modificar contenidos y mostrar textos con un grado de variabilidad similar al que ofrece el hipertexto en la web. De hecho, gracias al desarrollo de la capacidad de procesamiento de los ordenadores, están apareciendo una serie de prácticas que se acercan a estos planteamientos. Se trata de propuestas hipermediales, interactivas y que, en mayor o menor medida, permiten que el usuario introduzca o modifique contenidos. Desde el documental interactivo Bear71 hasta Ro.me, un videoclip ficcionado, pasando por blabla, un cortometraje interactivo. Si bien es cierto que empiezan a aparecer propuestas audiovisuales, la exploración de la no-linealidad, la posibilidad de interaccionar, la conectividad y la bidireccionalidad en la escritura de los contenidos ofrecen un campo de potencialidades aún por definir. Referencias 1. Landow, George Hypertext (1994) The convergence of Contemporany Critical Theory and Technology. The John Hopkins University Press 2. Deleuze, Gilles. Guattari, Félix (1994) Mil Mesetas. Editorial Pre-Textos 3. Nelson, Theodor (1981) Literary Machines. Mindful Press Joan Sànchez (25.04.13)