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16 Abril 2012
La industria puede desterrar la crisis

Finaliza una semana horrible, en la que se confirman las previsiones más negativas respecto a fijar una fecha para el fin de la crisis. La bolsa pierde 5,35% y las pérdidas anuales alcanzan ya 15,36%, la prima de riesgo roza los 425 puntos, a pesar de la intervención del BCE inyectando liquidez, el precio de la energía sube, y el consumo de gasóleo y gasolina baja (4,9% y 6,9% respectivamente). Un conjunto de hechos que certifican por igual la desconfianza sobre la capacidad del Estado al superar a corto plazo la situación actual, la pérdida de dinamismo de la economía y las dificultades de los ciudadanos. Obviamente, la realidad no puede ser otra mientras no se asuma que sin inversión no se genera empleo, que ningún país puede pagar las deudas si no se potencia su sistema productivo, incrementando la productividad y los esfuerzos en I+D+i , y se aparcan las diferencias para mirar el horizonte con valentía y cohesión. Ciertamente los momentos son complejos y debemos reconocer que las actitudes, la falta de coherencia y las actuaciones de quienes tienen la máxima representación del Estado, o de quienes tienen la responsabilidad de la gestión de los recursos públicos, con meritorias excepciones, no son las adecuadas para recuperar la confianza requerida ni asumir los riesgos necesarios para emprender e invertir las tendencias. Frente a esta situación sólo hay un camino: vencer la inercia negativa y trabajar para cambiar la situación, efectuando una clara apuesta por la industria, ya que sólo la industria manufacturera, conjuntamente con la de alto valor, tiene la capacidad de generar cientos de miles de puestos de trabajo, puede invertir el déficit exterior, y situar de nuevo en la senda del crecimiento que posibilita la sociedad del bienestar. La reindustrialización de Cataluña es necesaria y afortunadamente posible, ya que seguimos teniendo una fuerte presencia industrial, aunque durante lustros se ha menospreciado. No podemos olvidar que, a pesar de la crisis que vivimos, el PIB industrial en 2010 se empezó a recuperar. Es hora de asumir el compromiso, hacer posible la generación de riqueza y la creación de empleo. Una tarea que hay que encuadrarla en un entorno con costes energéticos elevados, una inestabilidad creciente, notorias dificultades financieras y una subida de los costes de transporte. Pero para hacer posible la reindustrialización del país es preciso que se articule un entorno facilitador y un estado de opinión favorable a todo aquello que representa y posibilita la industria. Por eso hay que asumir un triple desafío. En primer lugar hay que posibilitar e impulsar que las empresas, las universidades, los centros de investigación y los centros de innovación y diseño actúen de forma sinérgica, con el fin de que el avance científico y tecnológico se incorpore de forma acelerada en los procesos empresariales. En segundo lugar, se ha de facilitar e impulsar el surgimiento de nuevas iniciativas en ámbitos de conocimiento emergente y facilitar su interrelación con las empresas consolidadas y con capacidad productiva contrastada. Y en tercer lugar, se requiere que el proceso industrialización contemple la totalidad del territorio catalán, capitalizando las infraestructuras disponibles, articulando y fomentando un proceso de cooperación que aproveche las potencialidades del territorio, y genere un clima favorable en favor de la industria y tenga el apoyo de los medios de comunicación. Tres requerimientos a nuestro alcance, si trabajamos con determinación y se deja de esperar que las soluciones vengan de fuera. Tenemos capacidad, sólo nos falta determinación y no resignarnos a que la actual situación hipoteque una generación y malversado la capacidad y las ilusiones de los millones de jóvenes que son la esperanza del futuro.