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09 Julio 2012
Esta no es la Europa que queremos

El pasado domingo 8 de julio se celebró en Reims los 50 años de la reconciliación entre Francia y Alemania. Entonces se pasó página a décadas de confrontaciones armadas, estableciendo las bases de lo que, con el devenir de los tiempos, hoy es la Unión Europea. Unas bases surgidas de una Alemania impulsada por Konrad Adenauer, que dista mucho de la Alemania actual gobernada por Angela Merkel. Una celebración que llega en un momento extremadamente complejo por la Unión. Especialmente para la Euro Zona, donde se ha instalado por un lado el doble lenguaje de los jefes de Estado o gobierno: el de las cumbres donde llegan a acuerdos, y el de los mensajes divergentes al retornar a sus Estados de origen; Y por otra se ha caído en la lentitud desesperante que, por sí misma, es más perversa que las mayorías de bloqueo existentes, y que conlleva que los acuerdos no se cumplan, ya que cuando se hace posible aplicarlos ya son inadecuados. Nuevamente se ha hecho realidad aquella nefasta conducta que denunciaba Adenauer cuando afirmaba "Vivimos bajo el mismo techo, pero ninguno de nosotros tiene el mismo horizonte". Con esta actitud la casa común europea se convierte en una misión imposible, y la irreversibilidad del proyecto europeo y el euro es probable pero ninguna vez más posible. Un escenario europeo que conlleva que la financiación de algunos Estados alcancen unos tipos de interés que hacen saltar por los aires cualquier objetivo de déficit. Este es el caso de España. Con este escenario sólo hay dos alternativas: o recuperar la moneda propia con todos los aspectos negativos que conlleva, o aceptar las medidas draconianas que impone Europa y que obligan a tomar medidas que afectarán, por un igual, a las políticas sociales, asignando menos recursos; ya las políticas fiscales que toma recursos de los ciudadanos. Menos ayudas a quien lo necesita, y menos recursos para la mayoría de los ciudadanos. Un escenario que no tiene otro objetivo que los que nos deben dejar el dinero consideran que hay razones objetivas de que el Estado les podrá devolver el crédito. Estamos en un escenario donde la prioridad es devolver la deuda, aunque sea a costa de la sangre, sudor y lágrimas de los ciudadanos, que ven, impotentes, como día a día se desvanece el presente y se esfuma el porvenir. Esta, sin duda, no es la Europa que fueron imaginar aquellos que en que quisieron lograr un espacio de paz y prosperidad para los ciudadanos. Ciertamente, al cumplirse los 50 años de la reconciliación, puede saltar por los aires, en varios países de la Unión, el proyecto de libertad, progreso y cohesión social. Para evitarlo, o mejor dicho para evitar la intervención del Estado, o su quiebra, la próxima semana el Gobierno español no tendrá otro remedio que seguir la estela del presidente Italiano, en cuanto a recortar niveles, número y competencias de las diversas administraciones del Estado. Unas decisiones complicadas en el contexto del estado de las autonomías y que, sin un gran pacto de Estado inclusivo, se convertirán difíciles de llevar a buen puerto con la celeridad requerida. Unas decisiones que se encuadran en España, a pesar de que algunas fuerzas políticas parecen ignorar, diez en el exterior en su conjunto, (Administraciones, familiares y empresas), casi un billón de euros, que en 2011 las Administraciones gastaron unos 90 mil millones más de lo que ingresaron. Por este hecho ajustar la Administración no será suficiente, habrá que efectuar las reformas que desde los organismos internacionales se reclamaban, ahora exigen. No quedará más remedio, se impondrá el ajuste, mejor dicho se reducirán de forma directa o indirecta, los gastos de la función publica, las prestaciones de desempleo, ya la vez se subirá el IVA. Un conjunto de medidas que llegan con retraso, y en consecuencia serán muchos más duras que si se hubieran tomado hace unos meses, sin embargo ni la prima de riesgo ni los bonos a 10 años estarían a unos niveles que conducen a la gente a un estado de ánimo parecido a los de posguerras, aunque afortunadamente sin muertos. España tiene que tomar medidas inevitable en el actual grado de dependencia del exterior, un hecho que comportará que disminuya la capacidad y autonomía de muchos españoles, pero ninguna actuación será suficiente si Europa sin demoras efectúe las reformas requeridas para poner firma al desgobierno del euro, para facilitar que el BCE intervenga en los Mercados secundarios de la Deuda, para posibilitar el Recatí los bancos sin que aumente la deuda del Estado, para evitar que hacer recaer sobre los ciudadanos todos los problemas, en dar soluciones a los problemas de financiación y liquidez, y se profundice más en la integración europea, una integración de un conjunto de Estados queda vez más diferentes, donde las penurias de unos es a costa del enriquecimiento de los demás. Una UE cada vez más asimétrica como se evidenció la semana pasada, cuando la rentabilidad de la deuda Alemán, y la de las emisiones de varios países cotiza en tasas negativas, o en mínimos históricos, mientras que Italia, Portugal, Grecia, o Portugal lo hacían en tasas máximas. Sin duda, estamos en una espiral devastadora, hay que cambiar la política. España por sí sola no tiene capacidad, y es imprescindible entender que estos enorme deuda sólo se puede devolver a largo plazo, con tipos apropiados y con más recursos que permitan invertir en futuro, (hay que tener presente el plan Marshall). Ya que sólo haciendo posible el binomio austeridad y crecimiento el futuro se convierte en viable. Se necesita tiempo e invertir en futuro, y si este binomio: tiempo para devolver la deuda e inversión en futuro para generar empleo y riqueza,no llega con urgencia habrá que decir basta, y afirmar que esta no es nuestra Europa, la que queremos, ya que con políticas sólo encaminadas a poder pagar los intereses, la situación será cada vez más compleja, y antes de que llegue: o hay garantías de cambio, que estoy convencido de que las habrá, o mejor planificar y poner fecha al adiós al euro.