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13 Diciembre 2011
En el umbral de una UE más fuerte

Se queda fuera Gran Bretaña, una buena noticia para los que consideramos que se deben regular los mercados financieros y poner freno a la sangría que están sometiendo a los especuladores a la sociedad europea. Artículo original Lejos queda el 1 de enero de 2002 en el que el euro inicio su andadura en los 11 países que configuraban la UEM, y la percepción de que todo era más caro. Las alertas de algunos analistas sobre los riesgos del redondeo al alza, al efectuar la conversión de pesetas a euros, se habían cumplido, y el riesgo de que se asociara la moneda de 100 pesetas por la de 1 euro se materializó con rapidez, sin olvidar que algunas empresas aprovecharon el cambio de moneda para ajustar los precios al alza, al igual que hicieron algunas Administraciones con el coste del transporte con subidas reales cercanas al 10%. Al efectuarse la conversión con redondeos al alza en los bienes y servicios, no así en los salarios en la que si sé aplicó la conversión exacta, el resultado sobre la inflación fue notorio afectando al diferencial con el resto de los países del Euro Zona. Los ciudadanos perdieron capacidad adquisitiva. Algunos informes publicados en 2007 explicaron que el Euro había supuesto un incremento de precios muy superiores a los reflejados por el IPC, probablemente la diferencia se debía a los cambios en la elaboración del IPC a partir de la introducción de la moneda única . Mayor coste e iguales ingresos no alterar el ritmo de gasto de los españoles. El Euro llevó crédito abundante y tipos de interés reales negativos, los préstamos hipotecarios y los créditos al consumo se multiplicaban. Endeudarse era extremadamente fácil. El crédito, aportado por el ahorro exterior, fomentaba el consumo interno y enmascaraba la realidad. España se encontraba inmersa en bajos salarios, baja productividad, y alto endeudamiento, una terna que lastran el futuro. Finalmente el espejismo de la riqueza ficticia se desvaneció. El crédito se frenó, y lentamente el sistema productivo fue perdiendo fuerza, el paro creció, las Administraciones perdieron ingresos mientras que el importe de las prestaciones sociales no paraba de incrementarse. El riesgo de no poder hacer frente a los vencimientos de la Deuda creció, los depredaespeculadors hicieron presencia, atacando sistemáticamente a la Euro y forzando unos intereses que debilitan la capacidad de maniobra de los gobiernos y las posibilidades de recuperar la senda del crecimiento. Con este escenario, y con un euro al borde del colapso llegó la cumbre de Bruselas, que se cerró la semana pasada. Las esperanzas eran mínimas y el escenario más plausible era una rotura de la Unión, ya que parecían incompatible las limitaciones de los 17 Estados que configuran la Eurozona con los deseos de autonomía de los otros 10 que completan la Unión. Sin embargo, ha ganado Europa. Lo evidencia la aceptación, por parte de 9 de los 10 países que no pertenecen al Euro Zona, de las exigencias de mayor austeridad, armonización fiscal y supervisión presupuestaria. Una clara cesión de poder a Bruselas. Se queda fuera Gran Bretaña, una buena noticia para los que consideramos que se deben regular los mercados financieros y poner freno a la sangría que están sometiendo a los especuladores a la sociedad europea. La posición de David Cameron responde a los intereses de la City, las motivaciones e intereses no eran otras que proteger a su sistema financiero, impedir el debate sobre la tasa a las transacciones financieras, y anular la normativa relativa a que las operaciones financieras denominadas en euros se realizarán únicamente a los mercados continentales, en la actualidad más del 50% de estas operaciones se efectúan en Londres. Los intereses de unos por encima de los colectivos. La UE se ha situado en el umbral de una nueva Unión, que se regirá con mayor rigor, más austeridad, disciplina fiscal, mayor control, y menos capacidad de veto. Reconociendo que son aspectos imprescindibles para progresar, deberíamos aceptar que la austeridad por sí misma no solucionará los problemas de fondo de la Unión, y muy especialmente de Estados como el español: la falta de crecimiento y de creación de puestos de trabajo. Ni tampoco calmará a los mercados que con probabilidad volverán a intentarlo, a menos que el BCE actúe con determinación. Ciertamente es imposible predecir con certeza el futuro, pero todos percibimos que nos esperan nuevos e importantes esfuerzos parecidos a los que se tuvieron que afrontar 1996 por formar parte del grupo inicial del euro. Unos esfuerzos que no deberían olvidar el espíritu fundacional relativo a la protección y cohesión social, y la importancia del valor del progreso técnico y científico como impulsores del progreso social. La Unión necesita ser reforzada, hacerlo nos da esperanza a los ciudadanos europeos de poder disponer de capacidad de decisión e influencia en un mundo el eje central se aleja del Atlántico y se centra cada vez más en el Pacífico. Pero de nada nos servirá esta capacidad sin echar el paro y recuperar el crecimiento. Antoni Garrell i Guiu Director General Fundació per l’ESDi.