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05 Agosto 2009
El rol del Diseñador

Mercados que exigen productos la decisión de los cuales de adquisición y consumo reside en su coste, y a la vez productos diferenciales y altamente innovadores al integrar simbióticamente los avances científicos y tecnológicos, con un diseño que considera los requisitos funcionales, antropológicos, culturales, económicos, sociológicos y ecológicos, conjuntamente con las potencialidades de los materiales, colores, texturas y formas. Innovación en producto desarrollada en empresas altamente productivas para poder competir en un entorno complejo, asimétrico, cambiante y desregularizador. Productividad que exige tener especial medida con las relaciones interpersonales y la atención a los clientes; es decir, se requieren equipos humanos cohesionados en el que, buscando la excelencia, coexisten compromisos, habilidades, conocimientos, actitudes, y liderajes diversos. Los equipos humanos son especialmente importantes en las economías adelantadas y en las sociedades prosperas, puesto que estas deben basar su competitividad en la innovación, en contraposición a la competencia por precio propia de los países emergentes. Consecuentemente son requeridas personas altamente creativas, dotadas de los conocimientos abstractas, que posibilitan continuar desarrollándose comprendiendo e incorporando los avances científicos y los cambios sociales; con un amplio dominio de los conocimientos instrumentales que permitan extraer con eficiencia y eficacia las potencialidades de las herramientas tecnológicas; y dotadas de los valores actitudinales que facilitan el trabajo interdisciplinario en equipos heterogéneos y plurales que afrontan, en libertad y esfuerzo, la mejora del existente y la creación del nuevo. Es en este contexto, que ha de encuadrarse el rol del diseñador y en el cual se puede y debe preguntar que habilidades requiere un diseñador que tiene la mirada puesta en los desafíos del tercer milenio, y el convencimiento que el destino de la humanidad, como indicó el filósofo Vilém Flusser en su libro "Filosofía del diseño", depende básicamente del diseño. Asumir este rol, requiere aceptar que el proceso de diseño, diseñar, implica una enorme responsabilidad, puesto que por un lado el diseño aporta valor diferencial, gracias a conjugar, de forma armónica, la seducción que otorga el diseño, con la integración en los productos de los avances científicos y tecnológicos que los dotan de valor y diferenciación; y por otro evita la exclusión por motivos culturales, formacionales o de género, puesto que el diseño determina, en última instancia, quien puede acceder a los productos y servicios, el valor añadido o generación de riqueza, quien se puede beneficiar, el grado de respeto medioambiental y consumo de recursos, y en definitiva la generación de progreso y desarrollo socioeconómico. Los diseñadores actuales no sólo requieren una elevada capacidad creativa, deben poderla canalizar hacia la innovación, por esto, deben ser capaces de observar, analizar y sintetizar para aportar soluciones a los problemas existentes o evitar que surjan de nueces, consecuentemente son personas que han interiorizado el riesgo del desconocido, de la ’curva imposible’, del material y las herramientas que obran nuevas alternativas; personas conocedores que la mejor solución surge del trabajo metódico y continuado, y que todo producto tiene fecha de caducidad por el que la mejora es siempre posible. Personas que cuidan su formación, que comparten, analizan y debaten; que observan y se informan del que ocurre día a día, sabedores de la relación directa entre la realidad y los cambios y prioridades sociales. Personas que miran más allá de su campo visual y que, trabajando en equipo, son capaces de redescubrir el presente y escribir el futuro. Siendo tan elevada la responsabilidad de un diseñador, un se pregunta que se fundamentan algunas afirmaciones, que colocan el diseño en una segunda línea de prioridad. Sin duda infravalorar el rol del diseñador, y del diseño, únicamente se puede fundamentar en la ignorancia de los retos actuales y los desafíos del futuro, en la no valoración del talento, o que solamente con buenos diseñadores el progreso técnico científico se convierte en progreso social. Actitudes o afirmaciones que no reconocen el papel del diseño sólo se justifican en economías no adelantadas, en las cuales el progreso colectivo es una tenue luz en el horizonte lejano. Pero en todas las sociedades prosperas, las cuales trazan el camino para conseguir altas cotas de progreso y bienestar de los ciudadanos, el diseño es en el centro de las decisiones y las actividades. Por esto las empresas comprometidas con el futuro apuestan por el diseño, y requieren de diseñadores de asumir el rol de los lideres del cambio, el progreso y la innovación desde la pluralidad y la divergencia enriquecedora. Antoni Garrell i Guiu Director General de la FUNDIT Julio 2009.