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09 Abril 2008
El diseño: el elemento indispensable.

Al analizar los desafíos actuales y los retos de la competitividad, se constató que los procesos de producción de la empresa ya no son un elemento diferencial, fundamental o estratégico para conseguir la competitividad y unos buenos resultados. El factor básico es’ qué ’se produce y’ a quien ’va dirigido. El ’cómo se produce’ radica en la tecnología, las instalaciones y las localizaciones utilizadas, elementos disponibles para todos los que tienen los recursos económicos y el acceso a los mercados. En cambio, el ’que se produce’ (productos o servicios) depende fundamentalmente de la capacidad creativa, del talento y de la cultura innovadora y de esfuerzo, un bien exclusivo de las personas. Es evidente que la empresa debe tender a maximizar los ingresos ya la vez minimizar los gastos productivas, lo que conlleva, por una parte, ofrecer productos y servicios diferenciales y de valor y, por otro, ser altamente productivo, disponer de sistemas de producción flexibles y adaptables, localizar los diversos procesos en las ubicaciones más adecuadas, disponer de la tecnología óptima y extraer darle la máxima potencialidad, y alcanzar altos niveles de calidad. Todo un conjunto de factores, que son función directa de la investigación desarrollada y del diseño, dirigidos a satisfacer desde las necesidades fisiológicas hasta las de autorrealización de las personas ya impulsar sus motivaciones como consumidores o usuarios de productos y servicios. El diseño, en consecuencia, se convierte en la disciplina más importante para lograr la innovación y la competitividad de las empresas en un entorno cambiante. Diferentes estudios ponen de manifiesto que las empresas que lo incorporan de una forma efectiva alcanzan incrementos de ventas cercanas al 50% y, también, que el 80% de las grandes empresas lo integran en la concepción de los productos, en sus procesos productivos, y en todas las actividades de los proceso de comercialización y venta. Habría que preguntarse qué es lo que esta gran capacidad transformadora al diseño y que lo convierte en un elemento preciado para todos aquellos que quieren afrontar la competitividad en un entorno global altamente competitivo. Sin duda la respuesta radica en las dificultades arraigadas en los elementos que rodean y conforman el diseño de nuevos productos y las especificidades del propio proceso de diseño, ya que estos requieren escuchar el mercado, con la finalidad de convertir los requerimientos en atributos explícitos e implícitos del producto. Esta tarea no puede ignorar que el proceso de observación y de análisis es altamente complejo, tanto por las dificultades en interpretar y sintetizar los hipercondicionants arraigados en la multiculturalidad, los mestizaje y los ruidos coyunturales existentes, como lo son los avances técnicos y científicos que llenan de nuevas posibilidades el proceso creativo. Sin duda diseñar es una tarea compleja que tiene como dificultad añadida la necesidad de ciclos cortos de diseño, todo un conjunto de hechos que sobrepasan las aportaciones y los métodos tradicionales de diseño, centrados en el análisis de la función y las definiciones del producto . Hoy en día el proceso creativo debe integrar eficientemente el gran número de variables que de forma interrelacionada convergen en el problema a resolver y que obligan a que todas ellas sean consideradas, de tal manera que el proceso creativo será óptimo sólo con el análisis sistemático y la evaluación continuada de las diversas soluciones. El proceso metodológico requerido por el diseño debe cubrir desde la definición del problema y los subproblemes asociados, hasta la recopilación de la información y análisis de la misma-convirtiéndola en conocimiento-, así como la identificación de los materiales y de las tecnologías más apropiadas para desarrollar las soluciones, contrastarlas y verificar las. A la hora de definir los prototipos y de evaluar, hay que considerar factores específicos de desarrollo, viabilidad, ecológicos y de aceptación (encuadrada, de igual manera, en cuanto a los mercados locales y los internacionales). Este proceso metodológico también conlleva tener en cuenta las políticas empresariales, las tendencias socioculturales y, finalmente, describir las directrices para la producción, seguimiento y uso del producto. Una metodología que no puede ser rígida ni restrictiva de las capacidades y alternativas, ya que el rigor metodológico debe ser simbólicamente tratado con los aspectos propios del proceso creativo, que tiene un fuerte componente de intuición, imaginación y sensibilidad. En definitiva, el diseño hay que combine racionalidad, lógica e intuición, una terna que hace del diseño algo diferencial, motor de progreso y de la generación de valor. Algo reservado a las personas con capacidad de integrar arte, ciencia y tecnología, así como de organizar el proceso creativo con rigor científico, pero sin limitar la búsqueda de la innovación y la explosión creativa. Hay que saber distinguir la idoneidad de una propuesta frente a la otra; sorprender, sin generar rechazo; y garantizar la calidad, posibilitando un proceso productivo óptimo y fiable, evitando la malversación, y garantizando la sostenibilidad a lo largo de todo el ciclo de vida del producto. El diseño es, pues, el elemento indispensable para todas las empresas y colectivos humanos pioneros en asumir los retos de la sostenibilidad y evitar la exclusión. Desgraciadamente es todavía un bien escaso, que no está al alcance de todas las organizaciones, tanto por motivos endógenos arraigados en la cultura empresarial, como por la dificultad de acceso al mundo del diseño en función de la dimensión de las empresas. Hay, pues, actuar desde una triple vertiente: fomentando las vocaciones de diseño, reconociendo su esencial aportación, y apoyando a los estudiantes comprometidos con el proceso creativo y la sociedad, estableciendo mecanismos para facilitar que las organizaciones descubren el valor del diseño y su impacto sobre los resultados, al igual que se hizo, en su momento, con la tecnología y, por último, facilitando el acceso al diseño, de acuerdo con la realidad del tejido social y productivo, y de forma simbiótica con los avances tecnológicos y científicos. En definitiva, alcanzar los retos relativos a preservar la calidad de vida e incrementar el desarrollo humano, sin condicionar el futuro. Unos retos sólo alcanzables si se colloca el talento y la creatividad en el centro de todas las actividades. Antoni Garrell i Guiu