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05 Junio 2012
El Día Mundial del Medio Ambiente y de la Economía Verde

Cada 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente. La propuesta fue promovida por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el marco de la primera Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente Humano, que tuvo lugar en 1972 en Suecia (Conferencia de Estocolmo). En esta misma Asamblea también se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Para las Naciones Unidas los objetivos de establecer un Día Mundial del Medio Ambiente son sensibilizar a la opinión pública hacia las problemáticas ambientales e intensificar la preocupación y el compromiso de la clase política para la preservación del medio ambiente. Cada año el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) establece una temática de trabajo para la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente. Este año el tema central será la Economía Verde, bajo el lema "Una Economía Verde: ¿te incluye a ti?". Asimismo, la Economía Verde también será uno de los ejes centrales de trabajo de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible (Río + 20) que tendrá lugar en Río de Janeiro del 20 al 22 de junio. Y es que, desde hace más de un año, la palabra economía se ha convertido de uso habitual en todo tipo de conversaciones y el modelo económico y de desarrollo actual no para de ser cuestionado. En este contexto, se presenta como posible solución la transición hacia una Economía Verde. Si tomamos como referencia las características del sistema económico que nos rige, la agrupación de palabras economía + verde podría parecernos inverosímil, extraña, antagónica. ¿Cuál es sin embargo, la definición que se da de Economía Verde? Según el PNUMA, la Economía Verde es aquella que consigue mejorar el bienestar de la humanidad y la equidad social, reducir los riesgos ambientales y los daños ecológicos. En la práctica, se determina como Economía Verde aquella que hará crecer los ingresos e impulsará puestos de trabajo mediante inversiones públicas y privadas que se regirán por las siguientes premisas: reducir las emisiones de carbono y otros gases contaminantes; hacer un uso eficiente de los recursos y mejorar en eficiencia energética, evitar la pérdida de biodiversidad y de servicios ecosistémicos (Los servicios ecosistémicos se definen como aquellos beneficios que el ser humano obtiene gracias al funcionamiento natural de los ecosistemas. Son ejemplos los alimentos, la madera, el agua limpia, la protección ante la erosión y las inundaciones, etc). Para conseguirlo será necesario que estas inversiones sean apoyadas por reformas en la política de gasto público y cambios en la legislación vigente. A pesar de tratarse de una disciplina reciente e ir acompañada de buenos principios, la Economía Verde ya ha empezado a recibir críticas y tiene algunos detractores. Los discursos y argumentos contrarios a la Economía Verde son diversos. Hay quien cuestiona su viabilidad económica para que el camino hacia una Economía Verde conlleva hacer grandes inversiones (para mejorar en eficiencia y reducción de residuos, por ejemplo) y esto, puede provocar que el consumidor final tenga que pagar un precio más alto a cambio de preservar el medio ambiente. También hay quien opina que la Economía Verde implicará la mercantilización y la privatización de los servicios ecosistémicos y los recursos naturales, ante la posibilidad de que tenga que pagar por utilizarlos. Ya son numerosas las grandes empresas del sector energético, agroindustrial, farmacéutico, químico, etc. que están interesadas en la Economía Verde. Las del sector energético, por ejemplo, ven en la utilización de la biomasa una salida a la explotación del petróleo. Se plantea pues, si las medidas propuestas por la Economía Verde podrán conseguir la transformación hacia un modelo económico sostenible. O si por el contrario, incluso pueden ir en contra dirección, provocando que los recursos naturales acaben siendo controlados por grandes empresas. En este caso, las comunidades indígenas y de países del sur serán quienes saldrán aún más perjudicadas. A lo largo de la historia estas comunidades, conocedoras del medio en el que viven, han compatibilizado el aprovechamiento de los recursos naturales con la aplicación de buenas prácticas de gestión que han permitido a los ecosistemas continuar evolucionando. Se podría concluir pues, que a pesar de conocer la definición de la Economía Verde, no se sabe cómo terminará de aplicar ni si los resultados se adecuarán a los objetivos propuestos. Por otra parte, el año 2011 Gunter Pauli publicó el libro The Blue Economy. El libro pretende contribuir al diseño de un nuevo modelo económico basándose en que un ecosistema no sólo puede suministrar servicios, sino que puede actuar como fuente de inspiración para mejorar nuestro sistema de producción y consumo. Sus planteamientos van ligados a otras corrientes como la del cradle to cradle, que promueve el cierre de los ciclos de los sistemas productivos, tal y como hacen los ecosistemas naturales. En la naturaleza, por ejemplo, el concepto residuo no existe porque todo se recircula y recicla. La Economía Azul quiere ir más allá de la preservación del medio ambiente y habla de regeneración. Respecto a la necesidad de evolución continua que tienen los ecosistemas para sobrevivir, lo que puede proporcionar ideas prácticas e inspiraciones para aplicar en modelos de negocio. Una economía que tienda a la Economía Azul, que actúe sobre las causas de los problemas ambientales y no sobre los efectos, será más eficiente. El libro también expone un listado de 100 innovaciones inspiradas en el funcionamiento de los sistemas naturales que se han convertido en nuevos modelos de negocio, independientes de subsidios y exenciones de impuestos. Hasta el 2011 estas 100 innovaciones, habían generado 20.000 puestos de trabajo. Dejando de lado los colores, el sistema económico actual ha demostrado que es incompatible con la preservación del medio ambiente y poco justo con buena parte de la sociedad. Las crisis nos avisan que algo no va bien y pueden convertirse en oportunidades para reorientar nuestro futuro. Y en este camino, la aplicación del conocimiento y la lógica de los ecosistemas nos puede ayudar a diseñar modelos económicos sostenibles, que satisfagan las necesidades básicas de todos. Tal y como dijo Jorge Wagensberg la naturaleza hace miles de millones de años que innova y la cultura humana lo hace desde hace más de 100.000 años.