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26 Julio 2011
Discriminación por género y desarrollo.

Finaliza una semana extremadamente compleja llena de sentimientos contrapuestos: preocupación, incertidumbre, perplejidad, angustia, tristeza y alegría por las buenas noticias que pasan a menudo desapercibidas. Los hechos que generaban estos sentimientos exigirían ser analizados con detenimiento para extraer de ellos enseñanzas útiles para afrontar con menos riesgos el futuro. Entre estos hechos que evidencian la necesidad de cambios importantes, cabe citar el contenido del último documento del Banco Mundial "Perspectivas Económicas Mundiales", en el que se explica que los países en vía de desarrollo están llegando al límite de su capacidad de crecimiento, el reto que deberán afrontar es la sostenibilidad; el atentado en Oslo surgido del fanatismo que trae a la intolerancia y al dolor colectivo; la dimisión del presidente Camps atrapado entre reconocer haber mentido, o declararse inocente y afrontar el descrecido de la Generalitat sentándose en el banquillo de los acusados; también el incremento en un 23,2% de la participación catalana en el séptimo programa marco europeo, evidenciando la importancia de los esfuerzos en I+D por el progreso; la forma de actuar de los líderes europeos salvando el euro, casi a la Unión, en el último instante, unas actuaciones que aportan enormes beneficios a los especuladores; finalmente recordar que sumando voluntades y trabajando conjuntamente con esfuerzo e inteligencia el éxito llega, el acuerdo relativo al Mobile World Congress es una nueva evidencia. Un conjunto de hechos que han llenado miles de páginas de los medios de comunicación, horas de debates en radio y televisión, y decenas de miles de mensajes en las redes sociales. Entre las noticias publicadas la ultima semana una pasó con poco impacto, me refiero al informe sobre ocupación femenina publicado por CC.OO., el cual, basándose con datos de la encuesta de estructura salarial elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, explica que el salario medio de las mujeres en el Estado español es el 78% lo de los hombres, indicando que la diferencia salarial se había ampliado en los últimos años. Un menor salario, si bien con diferencias notorias, en todos los sectores económicos y en todas las posiciones de las organizaciones. Leer la información de CC.OO. me trajo a la memoria la Declaración de Seneca Falls del 1848 sobre los derechos de la mujer en los Estados Unidos, en ella se denunció las restricciones a las cuales estaban sometidas las mujeres, y en la que, entre otras cosas, decía: todas las leyes que impidan que la mujer ocupe en la sociedad la posición que su conciencia le dicte, o que la sitúe en una posición inferior a la del hombre, son contrarias al precepto de la naturaleza y, por lo tanto, no tienen ni fuerza ni autoridad". Una declaración complementada, 20 años más tarde, por el filósofo John Stuart Mill con el libro "la sumisión de las mujeres", el cual se inicia con una afirmación que, aceptándola, tendría que guiar nuestras obras y enmarcar nuestras decisiones: "el principio que regula las relaciones sociales vigentes entre los dos sexos es injusto por si mismo y es, en nuestros tiempos, uno de los más importantes obstáculos al desarrollo humano. Tendría que ser sustituido por un principio de igualdad perfecta, que no reconozca poder, ni privilegio, ni desventaja a ninguna de las partes". En los 130 años transcurridos desde la publicación de la obra de Mill, mucho se ha progresado en la igualdad de género, pero el desequilibrio entre hombres y mujeres sigue existiendo como se explicita reiteradamente. Lo hacía últimamente la International Women’s Media Foundation al indicar que el 73% de los cargos directivos en los medios de comunicación son ocupados por hombres. También lo ha hecho en varias ocasiones la O.I.T. afirmando que si bien las mujeres hoy en día tienen la mejor preparación y ocupan más puestos de trabajo que nunca, existe discriminación en los lugares de mayor nivel. Y recientemente nos lo recordaba el Parlamento Europeo al aprobar el informe en el que se pide a la Comisión Europea que introduzca cuotas de representación femenina en los cuadros directivos de las empresas (30% por el 2015, y 40% por 2020). Los obstáculos derivados de prejuicios culturales y psicológicos que dificultan que las mujeres ocupen lugares de alta dirección, la "barrera invisible" denunciada en los Estados Unidos a la década de 1970, sigue presente en la toma de decisiones. En referencia en España, complementariamente al informe de CC.OO. hay que recordar el International Business Report, elaborado por Grant Thornton, donde se indica que las mujeres ocupan el 22% de los cargos directivos en las empresas, 3 puntos porcentuales más que la media mundial y un punto porcentual menos que a la Unión Europea. Ciertamente un porcentaje que ha mejorado si consideramos que al 2004 era sólo del 14%. Pero esta mejora no esconde que las mujeres son el 53% de la población, y el 54% de los universitarios, consecuentemente el desequilibrio es más que notorio. Tenemos un largo camino a recorre para eliminar las actitudes existentes, que castigan a las mujeres tanto en retribución salarial como en los ascensos hacia puestos de más responsabilidad. Aceptando que la actividad diaria fluye aceleradamente, y el elevado volumen de información que recibimos impiden efectuar los análisis que nos muestran el camino de los requeridos cambios, habría que reconocer que diferenciar por género no es sólo menospreciar a las mujeres, es una injusticia inadmisible a la que tenemos que poner fin de una vez por todas, rechazando la poca atención que se presta a estas informaciones, especialmente cuánto es un hecho denunciado desde hace siglos. Tenemos que cambiar la situación, consecuentemente en estos momentos difíciles par la Unión Europea a raíz de los problemas del déficit, del sistema financiero, de los bajos niveles de crecimiento, de la pérdida de peso en la economía mundial, y habiendo alcanzado unas tasas de paro elevadas, tenemos que estar especialmente atentos a evitar que la igualdad de género retroceda. Impedirlo es una exigencia para eliminar uno de los "más importantes obstáculos al desarrollo humano" Antoni Garrell i Guiu 24 de julio de 2011