Artículos
27 Abril 2010
Catástrofes, Clima y modelos de desarrollo

Las cenizas del glaciar Islandesa Eyjafjälla han paralizando el tráfico aéreo europeo los últimos días, originando pérdidas millonarias y bloqueando a millones de ciudadanos de todo el planeta. Las informaciones procedentes de la NASA afirman que podría entrar en erupción el volcán vecino Katla, consecuentemente las nubes de cenizas podrían reaparecer dificultando nuevamente los desplazamientos aéreos. Erupción volcánica que, según el climatólogo Herbert Formayer del Instituto de Meteorología de la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias Aplicadas de Viena, puede originar cambios sobre el clima si las cenizas llegan a la estratosfera y reducen la radiación solar, que estuvo precedida por el devastador seísmo chileno y otras catástrofes generadas por tsunamis, inundaciones, sequías, heladas, tormentas, tornados, y huracanes, que día a día evidencian la fragilidad del desarrollo humano cuando el planeta muestra su fuerza. Catástrofes que tienen graves consecuencias sobre las personas con decenas de miles de muertos, y también sobre las infraestructuras. Sólo en 2009 los daños alcanzaron los 50 millones de dólares, según explicó recientemente el consorcio reasegurador alemán Münchener Rück. Es evidente que no podemos ni tenemos que considerar las causas de las catástrofes por igual, tenemos que distinguir las propias de la composición y estructura terráquea, de aquellas otras asociadas a los cambios del clima que origina el modelo de crecimiento y de desarrollo humano, pero tampoco podemos ignorar que los daños se han ido incrementado en los últimos 50 años como consecuencia del cambio climático, y que, en opinión de los expertos, seguirán creciendo si no se reducen las emisiones de dióxido de carbono, y se asume con urgencia la necesidad de limitar el calentamiento del planeta por debajo de los 2 º C. El análisis de estos hechos, debería conducir a asumir que el freno más grande que amenaza al bienestar y al desarrollo humano es la malversación de los recursos naturales que conducen a la destrucción del planeta. Por eso necesitamos, incluso en épocas complejas y de falta de recursos como son las actuales, poner en marcha estrategias y actuaciones para progresar hacia un modelo económico que armonice simbióticamente desarrollo y medio ambiente. Un modelo que se anticipe a un futuro de cambios inciertos, y que obligue a grabar las actuaciones que deterioren el equilibrio climático, instaurando tasas que penalicen, entre otras, las emisiones de CO2, la movilidad innecesaria de bienes y personas, o los diferenciales de legislación ambiental, con la finalidad de aportar recursos para reparar la destrucción asociada a la sobreexplotación, y eliminar la pobreza. Una tarea que no puede olvidar que de los casi 7.000 millones de habitantes del planeta, sólo unos 1.000 millones se levantan por la mañana y llegan por la noche después de comer 3 comidas. Ésta es la realidad, ni ética ni aceptable, que comporta que estos 1.000 millones tengan más obligaciones en hacer un mundo más justo y sostenible. La celebración del día de la Tierra es un buen momento para tomar conciencia de que el Clima y nuestro planeta son el recurso más valioso que tenemos. Sin él la vida no es posible y el desarrollo humano se convierte en imposible. Proteger el futuro está en manos de quien dirige los recursos públicos, pero en nuestras manos está exigir que los factores económicos no condicionen las decisiones políticas medioambientales, y a la vez avanzar en un modelo económico más ecológico, menos contaminante, más respetuoso con el medio ambiente, más eficiente en cuanto a recursos utilizados y más comprometido con el futuro. Sin duda es ésta nuestra obligación, una obligación que debemos asumir con compromiso y solidaridad, fomentando a la vez las actitudes que facilitan conservar y proteger las capacidades regenerativas de nuestro planeta, ya que si lo hacemos podremos mirar con optimismo y confianza el futuro. Antoni Garrell. Este artículo se publicó en e-noticies.cat, el día 24 de abril de 2010