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19 Septiembre 2011
Capital humano y futuro

Este mes de septiembre, los problemas asociados al diferencial ingresos-gastos y la superación de los límites de la capacidad razonable de endeudamiento llenan los debates y la búsqueda de alternativas. Las soluciones a las problemáticas actuales no son evidentes. El cambio de ciclo de la economía mundial que se inició en 2008 se ha instalado en las sociedades, su impacto, en mayor o menor grado, afecta a todos los colectivos, abriendo nuevas problemáticas que exigen soluciones diferentes a las que se han ido aplicando hasta la fecha. Salir de la crisis requiere aplicar el talento, la vitalidad y el esfuerzo que caracteriza a los seres humanos, con el fin de encontrar soluciones a los retos que afrontan los modelos de desarrollo y producción. Una nueva coyuntura en la que las personas son el factor determinante. Disponer de una alta dotación en capital humano se convierte en la piedra angular para potenciar el presente y vertebrar el futuro, este es un aspecto conocido de antemano, por esta razón los países líderes invierten de forma significativa en incrementarlo. Los Estados Unidos destina aproximadamente el 6% en su PIB, la UE alrededor del 5% al ​​igual que Japón. Desgraciadamente España es uno de los países de la UE que menos invierte en la formación de sus ciudadanos, ya la vez uno de los países donde la ciudadanía no le otorga el valor requerido. El fracaso escolar, por encima del 30%, la falta de reconocimiento a los científicos y su trabajo son evidencias. Un hecho no arraigado en la crisis y el endeudamiento, el problema bien de lejos. En 2006 la UE al evaluar los procesos y retos asociados a la Agenda de Lisboa,-el fracasado hoja de ruta que pretendía convertir la economía europea en la más competitiva del mundo en 2010 -, explicó que España ocupaba el undécimo lugar sobre 13 países analizados, respecto a gasto total en formación de los ciudadanos a lo largo de su vida, una cifra que incorporaba 5 componentes: la escuela; la educación superior, la formación continua; el aprendizaje en el lugar de trabajo, y el gasto de los padres en educar a sus hijos en casa. Con estas tendencias no es de extrañar que España tenga un bajo patrimonio en capital humano, un hecho también evidenciado antes de iniciarse la crisis por un el estudio de la Zepellin University de Alemania, que lo sitúa en 78.000 · por persona, un valor sólo por delante de Irlanda y de Portugal con 77 mil y 69 mil euros respectivamente, y muy inferior al de Suecia y Dinamarca con valores de 175 mil y 173 mil euros. Una cifra que evidencia el desajuste existente entre los hechos y las palabras, ya que coincidiendo las Administraciones, las empresas y los agentes sociales en la necesidad de mejorar el capital intelectual del Estado, las actuaciones no van en esta dirección, ya que no se efectúan apuestas decididas para potenciar la investigación y la innovación, y muy especialmente las asociadas a aumentar, con un proceso serio y masivo, el valor del capital humano. Un hecho que dificulta asumir los retos asociados a los países con un nivel de desarrollo medio-alto, que obligan a competir con sus iguales, con los países más desarrollados, ya no menospreciar la presión de los que están en vías de desarrollo. Es momento de asumir con plenitud que, adicionalmente al marco legislativo que limita la generación de empleo y la emprendeduría, la baja dotación con capital humano condiciona el desarrollo de nuevas iniciativas, ya que la cualificación de los trabajadores ha quedado obsoleta. La reentrada o la entrada de los trabajadores al mercado laboral exige una profunda actualización de sus competencias. La formación se convierte en la auténtica e imprescindible inversión de futuro, por este motivo hay que estar muy atentos y exigir una alta capacidad en la gestión, ya que las disminuciones presupuestarias que afronta la Educación no pueden ni deben afectar al proceso educativo . Deberíamos asumir colectivamente que el capital humano es la clave del futuro, consecuentemente, alcanzando, la eficiencia es necesario incrementar la inversión en formación para salir fortalecidos de la crisis, encuadrándola en el contexto internacional, que es muy competitivo , en las exigencias de la sociedad y la economía del conocimiento, y en las herramientas y métodos disponibles. Una formación que al aumentar nuestro patrimonio en capital humano nos permitirá generar los recursos requeridos para devolver las deudas exageradas que hemos contraído, y garantizar al mismo tiempo el progreso y la justicia social. Antoni Garrell i Guiu Director de la Fundació per a l’ESDi