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05 Diciembre 2009
Cambio climático y futuro

Son necesarias políticas globales urgentes pero también el compromiso de la ciudadanía para utilizar los recursos como criterios de sostenibilidad medioambiental, lo que obliga a redefinir y reinventar la cotidianidad, y es aquí donde el rol de los diseñadores se convierte en fundamental. Hace unos días asistí a una jornada sobre el cambio climático organizada por el Club de Roma. La jornada puso en evidencia la urgencia de las medidas encaminadas a frenar las actuaciones que están provocando unas variaciones climáticas difícilmente cuestionables. Después del almuerzo, la conversación nos llevó a recordar al Secretario General de la ONU, Bando Ki-Moon, quien el pasado septiembre explicó en Ginebra que la ausencia de una decidida reacción frente al cambio climático nos llevaba hacia el abismo, explicando que el hielo del Ártico puede desaparecer en 2030, unas previsiones que se sustentan en los cambios rápidos e intensos que están sucediendo en el Ártico, las cuales sobrepasan las previsiones de los modelos predictivos, ya que el nivel de deshielo ha alcanzado los niveles previstos para el 2030 según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU. La asistencia a la jornada del Club de Roma, celebrada en las puertas de la nueva cumbre de Copenhague, renovó mi atención sobre las noticias del clima y el aumento de las catástrofes naturales directamente relacionadas cono fenómenos meteorológicos que, en opinión de muchos expertos, tienen una relación directa con el calentamiento del planeta. Unos cambios perceptibles sobre el paisaje en ciertas áreas del planeta donde se verifica el visitarlos nuevamente después de unos años. Épocas extremadamente secas, inundaciones devastadoras y la continúa disminución del hielo de los polos, que conllevará crecimientos del nivel de los océanos, dibujan un escenario con un fuerte impacto sobre las personas, su salud y la economía. Unos hechos que suceden mientras gran parte de los ciudadanos mira hacia otro lado ignorando la afirmación de Bando Ki-Moon: "tenemos un pie apretando el acelerador y vamos hacia lo abismo". Unos impactos extremadamente grandes ya que, según estimación del Banco Mundial en países desarrollados requerirán casi 100.000 millones de dólares al año, en los próximos 40 años, para afrontar las problemáticas si la temperatura aumenta dos grados. Desde 2007, a raíz de la publicación del cuarto informe del grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático en el que participaron científicos de 100 países, son menos los que niegan la interrelación hombre - cambio climático. Reconociendo que la temperatura aumenta, y que se necesario una respuesta conjunta fundamentada en una decidida cooperación financiera y tecnológica a nivel global para implantar una economía no carbonodependiente, reduciendo drásticamente las emisiones y a la vez frenando la deforestación. Unas evidencias que han llevado a China a flexibilizar su postura, y a los Estados Unidos a reconocerlas y llegar a Copenhague con la promesa de reducir en un 17% las emisiones de CO2 en 2020. Pasado mañana día 7 se inicia una nueva cumbre sobre el clima, fuente del pesimismo que parece preocupar a mucha gente. Lo que me quedó claro en la jornada del Club de Roma es que aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo de los hechos, ya que tenemos soluciones y sólo necesitamos voluntad política para aplicarlas. La clave es evitar un calentamiento por encima de dos grados, y se puede hacer, la catástrofe sería superar este umbral. Una voluntad política que hay que confiar surja de Copenhague, a pesar de la grave crisis económica mundial que cambia las prioridades, ya que es una condición necesaria pero no suficiente que requiere, a su vez, del compromiso de toda la ciudadanía para abrir un periodo de utilización de recursos cono criterios de sostenibilidad medioambiental, que obliga a redefinir y reinventar la cotidianidad. Es en este necesario cambio de la cotidianidad, donde de requiere hacer y actuar, no es suficiente un cambio de actitudes de la ciudadanía, hay que disponer de las herramientas o productos requeridos, hay que conjugar actitudes y nuevos productos. Unos productos fabricados mediante procesos productivos sostenibles, con un óptimo y eficiente consumo de recursos, que consideran los aspectos medioambientales, y su uso eficiente a lo largo de su ciclo de vida. Por este motivo la innovación en productos se convierte en uno de los elementos primordiales en la lucha por la sostenibilidad y el futuro. Una innovación que requiere del trabajo sinérgico de diseñadores, tecnólogos y científicos, que utilicen su talento y capacidad creativa en diseñar y fabricar productos que minimicen el recalentamiento planetario, reduzcan los impactos medioambientales de los productos a lo largo de su vida útil, y se conviertan en nueva materia primera una vez finalizado su ciclo de uso. Políticos cono voluntad y valentía para reorientar los marcos legislativos y con capacidad de asumir el riesgo asociado, ciudadanos comprometidos con el futuro, y diseñadores, tecnólogos y científicos que trabajen sincrónicamente, son los tres componentes requeridos para ganar la batalla al cambio climático y la guerra por dejar un planeta habitable a las futuras generaciones. Cabe esperar que Copenhague sea el primero en la asunción de estos roles, el día en que se establecieron las bases sólidas para acabar con la petrodependencia y la malversación de recursos. El día en que en el dilema cambio climático o futuro gane el futuro. Antoni Garrell i Guiu 5 de desembre de 2009