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12 Marzo 2012
Aprender de los errores

APRENDER DE LOS ERRORES La disciplina biomimética consiste, en pocas palabras, en la aplicación de los métodos y sistemas naturales al mundo de la tecnología, la arquitectura y el diseño. ¿Por qué no aprovechar la experiencia acumulada por los seres vivos durante 4.000 millones de años para encontrar soluciones a los problemas que los seres humanos estamos intentando resolver hoy en día? Son muchas las empresas y universidades internacionales las que empiezan a incorporar los principios de la biomimética como forma fundamental de desarrollar sus investigaciones, proyectos y gestión corporativa. El motor de esta experiencia natural acumulada se llama evolución. Y la evolución, como dice Stephen J. Gould, se explica mejor a través de las imperfecciones, de los errores. Las orquídeas, por ejemplo, han creado sus elaborados dispositivos de reproducción sexual a partir de los componentes comunes de las flores vulgares, partes que normalmente han cumplido otras funciones muy distintas. En la naturaleza se han ido subsanando esas limitaciones para adaptarse al medio a partir de un juego limitado de piezas disponibles. De alguna manera, se ha ido aprendiendo de los errores para subsistir en el entorno, enderezando el curso con los recursos al alcance. El ser humano sigue cometiendo errores. Unos fallos por los que la naturaleza ha pasado ya hace millones de años. Se trata de aprender de esos errores y prevenirlos. Dejar en un segundo plano el uso de materiales y energía procedentes de la Tierra y comenzar a utilizar su saber acumulado. La naturaleza nos ofrece una fuente inagotable de conocimiento en cuanto a sistemas, materiales, tecnología, optimización energética, generación de nutrientes,… Debemos ser capaces de descifrar ese know-how y aplicarlo en nuestro día a día, para mejorar no ya el bienestar del ser humano, sino para intentar mitigar los errores hasta ahora cometidos y los que vendrán. Para intentar generar un impacto positivo sobre el medio, restaurarlo y enriquecerlo a través de nuestras acciones. Si un limonero o una lombriz pueden, ¿por qué nosotros no? Es fácil cifrar económicamente la energía o los materiales extraídos del planeta, no tanto así el conocimiento. Aun así, son muchas los centros de investigación que apuestan por el pensamiento biomimético, porque éste se transforma en nuevas patentes, en sorprendentes formatos de innovación y en nuevas estrategias empresariales, y éstas se transforman en un importante impulso económico. La actual coyuntura mundial tiene que forzarnos a pensar diferente, a redescubrir lo que nos rodea, a estar en conexión con el medio y sacar provecho de él de otra manera. Jon Marín Coordinador científico INDICIS