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15 Mayo 2012
15M: otro futuro es posible

Llega el primer aniversario del 15M en una semana en que ha quedado nuevamente patente que no se han hecho las reformas requeridas. La teórica nacionalización de Bankia es la última evidencia de que no se afronta la exigencia de hacer más con menos o hacerlo diferente, ni se aborda la problemática de impulsar las inversiones productivas ni que el crédito fluya para reactivar la economía y generar empleo. Un rescate, el de Bankia, que justifica la incertidumbre existente sobre el sistema financiero del Estado y que impide que los mercados mayoristas de capital le presten dinero, un hecho que obligará a destinar miles de millones públicos, que no se disponen , procedentes de posibles políticas de inversión de futuro y de protección a los ciudadanos. Unos recursos que tampoco servirán para iniciar un proceso encaminado a disponer de una banca pública que, yendo a las subastas del BCE al 1%, haga fluir el crédito y ponga en marcha un proceso real de utilización de los miles de pisos vacíos en régimen de alquiler sociales. Estamos en una situación de emergencia similar a la época que se abre cuando finaliza una guerra, sin que el gobierno, la oposición y los sindicatos lo asuman y, aparcando diferencias, alcancen grandes pactos de Estado. El Estado se encamina hacia los seis millones de parados, con desigualdades crecientes fruto de unos recortes que si bien son imprescindibles, al tener que devolver los créditos, no consideran que sin estímulos al crecimiento y sin inversión no hay recuperación posible. En los cinco años transcurridos desde 2007-año donde el espejismo de la riqueza infinita se empezó a desvanecer espoleada por la ceguera inmovilizadora de los gobiernos-, la crisis no ha hecho más que complicar la vida de millones de ciudadanos, mientras depreda-especuladores de todas partes incrementan sus ganancias, miembros de consejos de administración y gestores negligentes, responsables en gran parte de lo que sucede, reciben indemnizaciones millonarias al dejar sus cargos, eludiendo a la vez sus responsabilidades o incrementan sus ingresos, a pesar los resultados negativos, y la pérdida del valor de las acciones. Un valor menos que desvanece los ahorros de millones de pequeños ahorradores, muchos de ellos engañados por responsables de las agencias de entidades financieras motivados para cumplir sus objetivos anuales. Ciertamente hemos llegado a un punto donde se deben reconocer los desaciertos de muchas de las actuaciones efectuadas, y lo erróneo del modelo de desarrollo aplicado. Lo certifican las tasas de paro, los salarios medios situados por debajo de las exigencias de renta disponible de acuerdo con los precios de los bienes indispensables, la edad de emancipación situada por encima de los 30 años, cuando en el norte de Europa no supera los 25. Nos hemos endeudado excesivamente con unos créditos que reportan unos intereses que ahogan el presente y su devolución hipoteca el futuro de las próximas generaciones. Una deuda exagerada tanto a escala particular como en el ámbito público. Son tiempos, herederas de un pasado para no repetir, donde se constata el crecimiento de las desigualdades, el incremento de la distancia respecto a ricos y pobres, una relajación de los principios éticos y un incremento del desprecio a la esencia del desarrollo humano. También se certifica que la educación de alto nivel impone unos precios que la hacen casi exclusiva a los más ricos y que la ley del más fuerte se impone en una sociedad gobernada por una élite que, en muchos lugares, es fruto de privilegios del pasado o se fundamenta en razones de familia o de intereses inconfesables. Excepto para algunas minorías, el progreso retrocede y después de décadas de incremento de la calidad de vida, la de la próxima generación será inferior. Avanzamos por un período en que la libertad se restringe, ya que no hay persona menos libre que aquella que no puede trazar su propio camino para desarrollarse personalmente e intelectualmente, ya sea por la falta de trabajo o por las dificultades extremas que desalientan o impiden poner en marcha la propia iniciativa. El 12M de 2012, antesala del 15 de mayo, se ha visto fortalecido con jóvenes universitarios que buscan su primer empleo; por miles de autónomos que han visto como el trabajo disminuía hasta llevarlos al cese de actividad; por los nuevos parados; por intelectuales comprometidos, y por ciudadanos de todo tipo que no se conforman ante la tiranía antidemocrática de poderes ocultos que quieren poner el mundo a su servicio, ni se resignan con el excesivo protagonismo de los partidos políticos, ni en el predeterminisme de un futuro incierto, donde ni el derecho a la vivienda, la formación y la sanidad no están garantizados. Un escenario que obliga a que cientos de miles de personas sumen voluntades, para levantar su grito silencioso y decir no a los especuladores, no a la impunidad de los corruptos, no al paro discriminante y excluyente, acompañado a la vez de un sí al progreso y a la justicia social. El 12M es un clamor unánime que exige acabar con políticas excluyentes y erróneas de personas, de uno y otro color político, que sólo piensan en conservar privilegios de antaño. Un clamor de una ciudadanía consciente de que la situación exige aplicar sacrificio, esfuerzo, talento e imaginación, huyendo del egoísmo y de soluciones pretéritas los nuevos problemas. Un clamor que nos debería llenar de optimismo, ya que nada es imposible cuando las personas en libertad, respeto y tolerancia hacia el otro, desplegamos la fuerza de su talento para dar la vuelta las predicciones y hacer realidad que otro futuro es posible.