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July 30, 2011
Innovating to compete

El articulo es un extracto del publicado en la revista Catalunya empresarial en su número de Julio-Agosto 2011 Aprovechar las oportunidades de los mercados globales exige ser altamente competitivo. Entender las claves que la rigen, interiorizarlas y aplicarlas se convierte en el desafío a superar. Unas claves que están íntimamente ligadas a los paradigmas que mueven y rigen a las sociedades, a los marcos jurídicos que regulan las actividades productivas, a las capacidades de liderazgo, al acceso a la información y a los avances técnicos científicos. Un conjunto de hechos cambiantes e interrelacionados, que deben gestionarse simultáneamente asumiendo que la competitividad está condicionada por factores endógenos que son responsabilidad exclusiva de cada organización, y de factores exógenos que condicionan, o posibilitan en gran parte la competitividad de la empresa; factores estrechamente vinculados a los territorios donde se ubica y desarrolla la actividad. El éxito en los mercados mundiales, aprovechando las oportunidades en cada uno de ellos para generar riqueza y lograr altas tasas de ocupación, exige disponer de una importante actividad industrial apoyada en el uso intensivo del conocimiento. Para lograrlo se precisa asumir un triple desafío, en primer lugar posibilitar que las empresas, las universidades, los centros de investigación y los centros de innovación y diseño actúen de forma sinérgica, trabajando de forma coordinada alcanzando los beneficios de la cooperación y la interrelación, posibilitando que el avance científico se incorpore de forma acelerada a los procesos empresariales. En segundo lugar, se debe facilitar el surgimiento de nuevas iniciativas en ámbitos de conocimiento emergente posibilitando su interacción con empresas consolidadas y con capacidad productiva contrastada. En tercer lugar se requiere proyectar el territorio a nivel mundial, dotándose de capacidad de presencia y actuación global, convirtiéndose en polo de atracción de recursos humanos y económicos por el hecho de concentrar capacidades y potencialidades de trabajo, rentabilidad, espacios, formación, conocimiento, infraestructuras y calidad de vida. Debemos adaptarnos al nuevo entorno, a la nueva realidad, desaprendiendo todo aquello que evita el progreso. Hay que asumir que la experiencia previa no es suficiente. Aceptando el riesgo al fracaso hay que tomar la iniciativa, estimular el talento orientándolo al cambio, analizando y siguiendo ejemplos de aquellos que progresan aplicando talento en las nuevas condiciones que exigen hacer más con menos, trabajando con equipos multidisciplinarios formados por tecnólogos, científicos y diseñadores. En este contexto las organizaciones deben dotarse de los mecanismos que permiten adquirir la capacidad de diferenciación de sus productos y el tamaño suficiente de producción y la oferta para afrontar los retos de la mundialización y la competencia entre zonas económica y socialmente desequilibradas. Ello exige considerar los avances técnico científicos que abren nuevas formas de abordar los procesos productivos; y las capacitaciones profesionales de los trabajadores y las pautas sociales que condicionan o fijan exigencias. Debe asumirse la búsqueda permanente de la innovación diferencial, como el camino requerido para hacer más, hacerlo mejor y hacer de nuevo, actuando sabiendo que la eficiencia de hoy no es la de la mañana y que las decisiones de hoy condicionan el futuro. La finalidad de la innovación no debe ser otra que obtener los mejores resultados en todas las actividades. Una innovación que no sólo debe aplicarse a "como se hacen las cosas", algo que ha sido efectuado de forma habitual a lo largo de decenios y que se focalizaba estrictamente en los procesos y en la inclusión de maquinaria y útiles tecnológicos. El proceso de innovación debe insistentemente actuar sobre los productos, ya que ellos marcan la diferenciación entre empresas y determinan su aceptación en el mercado, un proceso innovador que no debe olvidar el modelo de organización, y el eje vehicular de las organizaciones, las personas que aportando su talento y capacidades, permiten el desarrollo de las actividades, su adaptación a los entornos plurales, su evolución y progreso. Antoni Garrell julio 2011.